La noche siempre nos recibe todo

Hoy quiero entregarle a la noche todos los recuerdos que me diste, todos los besos, todas las caricias, cada tarde que era piel a piel, cada verso, cada poema, cada lagrima, todas  las llamadas y todos los mensajes.

Noche, llévate todo, hoy entrego cada parte de un “nosotros”, llévate la memoria que lleva mi piel, esa misma que lleva su nombre y sus manías, llévate mis desvelos y mis madrugadas en qué desesperada le rogaba a la luna que tomara todo el dolor que no me dejaba respirar y se lo entregara a él, llévate cada oración que llevaba su apellido, toma todas las colillas que a mis pies me dicen que esta batalla esta perdida, llévate la esperanza con la que me visto todos los días, arráncame de una vez la decepción con la que me voy a dormir y regalame a cambio paz, te cedo mis copas y ahora llamale tú, dile que he decidido arrancarle de raíz y que la oscuridad me ha llevado muy al fondo, avísale que estoy demasiado cansada para seguir esperando que el reloj vuelva a marcar la misma en la que nos conocimos. Noche, hoy dejo de pertenecerle a él para volver a ser tuya.

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PRIMER ACTO:

Volví al café en donde nos encontramos por primera vez, mismas sillas, misma gente, la misma esencia del cigarro de clavo, pero esta vez sin los nervios de conocerte y la ansiedad de saber si eras como lo imaginaba.

Tus codos sobre la mesa y estos sosteniéndote, una sirena y un gato negro solo serían el presagio de una historia con tormentos para la escritora de la misma.

Tu bebida solo fue el desengaño de lo que creí que serías, nadar en tus ojos sería la trampa que el tiempo me puso para que solo pudiera anclarme al vacío de una pronta decepción, decepción adictiva, culposa y masoquista. Bendito y maldito café que fueron el pretexto Perfecto para conocernos, maldito y bendito el tiempo que no fueron suficientes para querernos.

Y en el borde de todo este caos, en la cúspide de tanto dolor te acercas a encontrarte con los límites del alma, te vuelves una sola con la pena y casi llega a ser inconfundible que ya no queda nada, ni esperanza, ni amor, solo la única opción que te deja cupido, de hacerte a un lado, de irte lo más lejos y pronto que puedas, de apagar las velas de la espera, las velas de un retorno que solo existió para tomar más vuelo y marcharse.

Domingo.

Se escribe con más calma, se sabe que no habrá prisas, con un poco de suerte lloverá y tendrás la melodía perfecta.

Siempre he creído que el domingo es el día en donde las almas descansan, en donde nos tomamos un descanso del tiempo y de las sombras del desamor,  el domingo encuentro la paz que en los otros días no, el domingo me sabe a que todo estará bien. Me abrazo a él para  sentir que será eterno el descanso, me siento segura con él del brazo.

Los domingos me hacen escritora por el simple hecho de serlo, no necesito café ni tabaco, solo necesito la calma del día sin importar qué se este viviendo, el domingo me siento inmune a las flechas de cupido, ese día solo necesito ser yo por la necesidad de serlo, los domingos no hay mascaras, no hay disfraces, solo estas tú frente a ese día que aparentemente nadie quiere vivir, el domingo es conciencia y filosofía.

El tiempo se detiene, el domingo no hay rencores, el domingo parece ser el reflejo perfecto de lo que deberíamos ser, domingo no dejes de ser lo que eres, no dejes sin tu abrazo a las almas que necesitan descanso.

 

Toma tiempo, toma partes.

El cursor parpadeo por muchos días, muchas noches largas, pero el sabía que tarde o temprano volvería a tomarlo, el cursor sabe que la única forma de que estemos bien es estando mal.

El cuarto se nublo, la temperatura comenzó a bajar, el café y el tabaco me esperaban listos, querían escuchar que me había hecho regresar, querían saber que era lo que esta vez me había roto el corazón, así que fue una tarde larga, una tarde que estoy a punto de contar.

Es cosa vieja tomarse de pretexto que necesitamos “despedirnos”, nadie necesita despedirse de nadie que nuca quiso quedarse, no necesitamos hacer preguntas de respuestas que sabemos van a doler, sobra decir que las llamadas en la madrugada en donde solo podemos escuchar los corazones que laten a destiempo no nos dejarán más que la almohada mojada y un corazón deshidratado, esto lo entendí la noche en que despedirme no me pudo dejar más herida, porque aún cuando mi voz desesperada te decía que tenía que alejarme, tú sabías que por más que mis palabras te empujaran mis lagrimas intentaban sostenerte una noche más.

 

A U T O r.

Y solo fueron pieles, la pasión y el deseo chocaron  con la costumbre y terminaron por despedirse.

Ahora entiendo que nuestro primer beso no era más que el sello de una despedida, que los días que nos restaban empezaban a contar y lo que estaba empezando duraría lo que una estrella fugaz.

Debo decir que era algo que el autor de esta novela me había advertido, pero decidí volverme ciega y caminar, decidí volverme sorda y hablar. El problema es que ahora ya no tengo a quien culpar, pues tu cariño nunca fue promesa y tus intentos tropezaron con imposibilidades, sé que debo volver a ver y sé que debo volver a escuchar a quien ya ha escrito su historia una vez más.

No pasa nada, de amor nadie se muere.

-Cuando el día se vuelve noche y la única luz que tenemos es la de la luna, el corazón se vuelve más frágil, observamos y nos damos cuenta que en retrospectiva cualquier recuerdo va directamente ligado a las lagrimas y es una pena que de momento aquellos relámpagos de alegría duelan, pero es justo aquí en donde esa mirada al recuerdo, ese destello de esencia que vuelves a encontrarte, en ese segundo en que te atreves  a decirte a ti mismo que todo estará bien, que las penas no prevalecen y que esas lagrimas eventualmente se secarán, quizá sea el calor del sol que hace su trabajo, seca el dolor y calienta el corazón, ese mismo corazón que te dice “no pasa nada, de amor nadie se muere”.

Perdón, otra vez.

Durante el día la sombra de la distracción me mantiene tranquila, pero es justo cuando la noche choca con mi habitación, es la ansiedad de la mano con aquella sensación de que algo me esta faltando que me desbordan a un caótico encuentro con la soledad, encuentro que parece eterno hasta que mis parpados pesan más que mis penas y ahí  cuando pienso que descansaré, vuelvo a verte en mis sueños, intocable e inalcanzable.

Pero cuando veo todo esto de manera panorámica le pido disculpas al corazón por dañarlo una vez más, por dejarte más cicatrices, pido perdón por desnudarte y perder cada una de tus prendas, pero sobre todas las cosas perdóname por inspirarme en todo eso a sabiendas de que estas sufriendo.